River running

Los sajones le llaman “river running” es decir “corriendo río”. En español no hay una traducción demasiado consensuada aunque podríamos hablar de “descenso de ríos” pero esta denominación se utiliza para las competiciones de descenso con piragua de tipo RR (River Running…. otra vez). En algunos lugares de Sudamérica lo traducen como “correr ríos” que no parece muy apropiada pero, a falta de un nombre español que encaje mejor, habrá que utilizarla o bien quedarnos  con la sajona original: “river running”.

¿Qué tiene el river running que lo hace tan adictivo?. ¿Por qué se crean esos lazos invisibles entre el grupo de palistas que habitualmente corren ríos juntos?. ¿Por qué a pesar de los años y de haber perdido el contacto con compañeros de fatigas, el reencuentro siempre es feliz y se reestablecen los puentes y los sentimientos rápidamente?. ¿Por qué a pesar del temor instintivo que uno siente poco antes de embarcar o al acometer un paso complicado se sale del río con una amplia sonrisa y ya se piensa en regresar o ir a correr otro tramo?. ¿Por qué en el piragüismo de competición no existe ese “buen rollo” y esas risas que tan habituales son en el river running?. ¿Por qué cuando se va a un río rápidamente se contacta y se conversa con palistas desconocidos que siempre están dispuestos a echar una mano, a explicar, a ayudar?. ¿Por qué no ocurre eso en el piragüismo de competición donde, en muchas ocasiones, los piragüistas son tan estirados que parece que llevan un palo de escoba metido por el trasero?.

Sobre los lazos de amistad: Los deportes de riesgo implican enfrentarse al peligro del medio natural. La naturaleza siempre tiene momentos en los que destroza nuestra vanidad, nos coloca en nuestro diminuto lugar del Universo y nos enseña que somos tan solo una especie más que se cree demasiado importante y olvida que su tránsito por el planeta es fugaz.

Al descender un río de cierta dificultad te das cuenta de que estás absolutamente sólo y que únicamente tu técnica o la suerte están de tu lado. Si el paso es complicado  -aunque se haya montado la seguridad- la sensación de soledad aumenta. Cuando nadas y el barco y la pala se van río abajo el desamparo es total. El conocimiento de las técnicas de autorescate ayudan pero la tranquilidad no reaparece hasta que estás en la orilla a salvo.

Esa es la cuestión clave: Tus compañeros son el único agarradero que tienes para no sentirte sólo. Sabes que poco podrán hacer si las cosas se complican mucho, pero la mayor parte de las veces son ellos los que te sacarán de una situación comprometida que hubiera podido terminar muy mal. Con su ayuda puede ser tan sólo un incidente del que se hablará una y otra vez durante años con muchas risas. Sin ella estás perdido.

Este compromiso vital de solidaridad entre piragüistas se va grabando en el subconsciente y es el que se traduce en forma de un sentimiento difícil de definir pero profundo y duradero y que es común a todas las personas que han tenido que ayudarse en situaciones límite (soldados en combate, bomberos, escaladores, montañeros, navegantes,…).

Esas situaciones límite no existen en otras modalidades del piragüismo donde todo está muy controlado, muy seguro y el único enemigo es el crono y tu propia fortaleza mental para la competición. En esas modalidades la solidaridad se diluye y cada cual va a lo suyo, lo cual, por otra parte, es lógico ya que de lo que se trata es de ganar al otro.  A lo sumo el apoyo, la ayuda, el amigo, vendrá de los miembros de tu propio club, pero no esperes mucho más. El tiempo y el reencuentro, competición tras competición, van tejiendo lentamente contactos con desconocidos, aunque siempre manteniendo las distancias, especialmente si se trata de deportistas adultos. La espontaneidad, inmediatez y generosidad que existe en el piragüismo de río es difícil de encontrarla en la competición.

Sobre el miedo: Todos los piragüistas experimentan miedo en algún momento en el que se corre un río. El miedo es necesario porque nos coloca en posición. El problema es saber gestionarlo y saber analizar que ocurrirá si “todo va mal”. Es decir, hay que saber cuáles son los límites que uno no debe rebasar. En cualquier caso ese punto de miedo induce la secreción de adrenalina que mantiene al organismo preparado para la acción. Tras superar un paso, o al salir del río sin ningún percance, las endorfinas que el propio cerebro secreta crean una sensación de bienestar y de euforia que el cerebro quiere volver a repetir. De ahí que exista esa pequeña adicción y pensar en el próximo descenso cuando, a veces, ni siquiera hemos cargado los kayacs en el coche.

El miedo también se comparte (en silencio) y esa complicidad que supone saber que tu miedo no es el único lo minimiza y ayuda, también, a crear esos lazos de amistad de los que hablábamos antes.

El river running es una modalidad que todo piragüista que compita en aguas bravas debería practicar en más de una ocasión a lo largo del año. No sólo por todo lo que se ha comentado antes sino porque es necesario experimentar las sensaciones de correr un río en el que hay muchos elementos naturales no sujetos a control. Del mismo modo el descenso con RR o el eslalon deberían ser practicados habitualmente por los piragüistas de “sólo river running” porque estas modalidades aportan la técnica precisa para aplicarla después para correr ríos.

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